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Madre


Tú como luz de vidas, eres la vida misma.

De allí que nada te detenga

ni tiempos, ni distancias,

ni rejas nos separen.

Tu pensar es apoyo indecible al hijo

en el tormento.

Tus ojos que lloraron

al caído en el combate

prolongan su existencia

y expresan la alegría

de aquellos y estos ojos

jamás aprisionados.

Tu férrea voluntad

mil veces demostrada

es el huracán embravecido

del humilde

que de sufrir se cansa.

Tus flores son mis flores

las de todos, las que amamos

tu ternura infinita

trae el suave verdor de la montaña.

Tus sueños son mis sueños

el mundo que anhelamos

el sol para este pueblo

que insurge contra el hambre

ofrendando su vida

por conquistar

la vida que le arrancan.

Por eso el hijo preso está contigo

recorriendo veredas

sembrando en los rincones

semillas libertarias.

26/04/1977

Diego Salazar Luongo